martes, 8 de junio de 2010

Los Nuevos Estilitas

Casi lo he logrado. Acabo de trasladarme a mi nuevo apartamento. Es un séptimo piso.
Es pequeño, la pintura de las paredes está desgastada, hay humedades en el techo, algunas bombillas están fundidas, huele mal y no está amueblado, pero no me importa, no pienso quedarme mucho.

Hace tiempo que no estaba solo. Me siento en una silla polvorienta y leo el periódico; esta mañana han ingresado a otras tres personas por lo mismo, y anteayer murió otra más, todas en esta misma ciudad. «Es nada menos que alarmante el incremento de los llamados Nuevos Estilitas» leo en el titular, «…seguramente debido a un rechazo cada vez más pronunciado hacia la sociedad» Otros diagnósticos aparecen en el artículo: alienación grave, falta de identificación con su entorno, desencanto general, autoflagelación.
Igual todos son ciertos.

El resto del periódico no me interesa y lo dejo en el suelo. Pienso en que esto no es nuevo, la historia siempre las ha tenido: personas que sufren por voluntad propia. Existen, sean cuales sean los motivos, por espectáculo, por fama, por placer, por creencias religiosas, por una protesta o por dinero.

Houdini, al que sus retos le valieron la fama mundial, murió de peritonitis a causa de que un tipo le golpeara, de forma pactada, para comprobar su resistencia; “Cannonball” Richard detenía balas de cañón con su abdomen; Alvin “Shipwreck” Nelly estuvo sentado cuarenta y nueve días en el asta de una bandera, y Annie Taylor, una profesora de sesenta años, cruzó las cataratas del Niágara metida en un barril. Los hay que por devoción, se acuchillan el cuerpo o se aporrean la cabeza.
Simeón, llamado “el estilita”, pasó treinta y siete años viviendo sobre una columna, como penitencia. Luego, otros de su mismo tiempo le imitaron.
Ahora, mucho tiempo después, existe un grupo de gente, los Nuevos Estilitas, y según las noticias cada vez en mayor número. El “método”, muy sencillo; uno empieza tirándose desde un primer piso, una vez conseguido tiene que tirarse de un segundo piso, luego de un tercero, y así hasta donde cada uno pueda.

Algunos han dicho que es un suicidio camuflado. Estoy de acuerdo. Pero encuentro que hay algo bello en eso; no tan solo como una forma de pronunciarse en un mundo que no escucha; sino como algo exclusivamente nuestro, del ser humano, nuestro sufrimiento voluntario; un oso nunca metería la pata en un cepo aposta. Es un reto como el de Simeón, o como el de Cristo cuando se internó en el desierto.

Me levanto de la silla; después de años de rehabilitación las piernas aún me flaquean un poco, pero puedo avanzar unos pasos, los suficientes hasta el balcón. Soy Samuel, uno de los Nuevos Estilitas; quizá bata un record dentro de unos minutos, quizá mañana salga mi nombre en las esquelas. Todo lo demás no me importa.

2 comentarios:

Blonde Redhead dijo...

Echaba de menos estas pequeñas historias tuyas tan increíblemente originales.
Me encanta, total y absolutamente esta entrada. ¿Por qué nos complicaremos tanto la vida?, con lo bien que nos iría haciendo lo correcto... aunque yo creo que a veces lo correcto es pariente cercano del aburrimiento...

Tengo que enseñarte un montón de "material" y prometo hacerlo después del 18 que es cuando acabo con los exámenes... xq al msn no me conecto ya, por el momento :/ es lo que hay!

Un besazo, Maese!
*smackss*

Favole dijo...

¡Ei!

Perdona si estas semanas he estado ausente; acabar la carrera es una gran responsabilidad. Ahora estoy mucho más libre. Sólo me queda entregar un trabajo y es para dentro de unos días.
Como verás, tenía el blog un poco abandonado, pero ahora vuelvo a tener tiempo y ganas de escribir. Retomaré viejas historias y tengo pensadas muchas de nuevas; ya te iré contando. Tengo un proyecto curioso entre manos, a ver si te informo :)

Un abrazo:

M.