martes, 17 de noviembre de 2009

La calle de los infortunados

Olía a grasa quemada, y a mucho más de lo que estaba dispuesto a reconocer en el momento. Los locales a uno y otro lado de la calle despachaban un olor a vicios impuros, a pecados inconfesables. Algunas de las chicas que habíamos visto horas antes pasear con sus melenas acicaladas y sus rostros perfilados por el maquillaje, de porte casi glamuroso, ahora se nos aparecían a cada esquina dando tumbos, agarrándose a cualquiera, las caras ajadas, los labios roídos de rojo, manchadas de lágrimas y otros fluidos, la ropa a medio poner, o a medio quitar, los pelos enmadejados y quizá algún tacón roto.

Algunas farolas parpadeaban, otras no se encendieron ya en toda la noche, las que más no despedían sino una luz anémica que se derramaba por el suelo enfermando los adoquines y haciendo palidecer las botellas de cristal vacías. Era tarde, más o menos la hora en que la indecencia sale de su escondrijo y los rincones oscuros eclosionan de personajes tan inquietantes como singulares. Y allí estábamos nosotros, los cuatro de siempre, solo que ahora más juntos y cabizbajos, casi nos daba miedo levantar los ojos del suelo, por lo que pudiésemos ver. A cada rato alguno se inclinaba un poco y echaba un vistazo rápido.


En una de las calles vimos a una rata de lomo encrespado, que se desplazaba nerviosamente de una alcantarilla a los bajos de un coche, y luego a un contenedor, y luego se fue a meter en uno de esos locales de neón, y las chicas, a media faena, salían despavoridas y a chillidos, sin importarles lo poco o mucho que se las viera la carne. Entonces recuerdo que nos reímos de lo lindo con el panorama, de cómo unas rivalizaban por subirse a los coches, y otras corrían calle abajo con las bragas en la mano.


Por los sitios más recogidos se adivinaban siluetas que se agitaban a oscuras, hombres y mujeres que jadeaban y susurraban al vaivén de ritmos toscos, y de pronto se detenían y se separaban cada uno por un lado. Una chica joven de no más de veinte años nos enseñó sus brazos plagados de picadas, sus dientes pútridos y quiso que le diésemos algún dinero por una mamada, al lado un hombre tenía los ojos en blanco y en el brazo una jeringa. Y apresuramos el paso, desoyendo las súplicas que nos venían de atrás.

Recorrimos calles donde los individuos andaban extraviados, pasamos por al lado de hombres echados en el suelo, mojados de orín y vómito, de aliento etílico, viejos que resollaban, que lloraban por el abandono de algún ser querido o por el amor de una puta, o por ambas cosas. Eran los hombres infortunados, los caballeros andantes que habían dejado de ser caballeros, en búsqueda de aquellas princesas que ya no lo eran. Y de perdices ni hablamos.

Nos apercibimos de una gran cantidad de verdades esa noche. Lo de cruento de la existencia que puede darse para unos pocos, por una azarosa calamidad o por los caprichosos devaneos del destino, y supimos que habríamos de luchar para que aquello no se nos viniera encima. Aquel barrio se nos reveló como escuela de una noche, cuyos maestros fueron los inquilinos de la calle, que a golpe de perderse ellos nos ilustraron las más profundas lecciones.


Al amanecer se acabó nuestro peregrinaje, volvimos atrás nuestros pasos sin decir palabra. Cuando llegué a casa me metí en la cama, aunque no me dormí hasta un rato después. Sospecho que a los otros les ocurrió lo mismo. Solo fuimos esa única vez, ahora no recuerdo a quien del grupo le hizo ilusión ir allí, en busca de experiencias nuevas, pero todos creyeron que era buena idea. Yo al principio también lo creí.

3 comentarios:

Darka Treake dijo...

uf... qué mal sabor dejas.
Es un relato con mucha fuerza. Llegas a verlo. A apenarte...

Qué triste que existan calles así, en cada ciudad, verdad?

Qué duro.

Y de quien es la culpa??
Es toda de ellos??
O pensamos eso por obviar que hasta la sociedad idílica tiene sus "residuos"??

Muy duro.

Un abrazo Crack.
Muy muy bueno.
Darka.

Cristina Puig dijo...

Como bien dijo Chris "llegas a verlo", es un relato muy visual, te lo imaginas y da cosa. Me gustan los adjetivos utilizados para las descripciones que son buenísimas. Las frases y estructura están muy bien construidas. Una visión perfecta de la cruda realidad condensada en unas pocas líneas.Me gustó mucho.
Un besote,
Cris
Por cierto: creo q deberías presentarte a algún concurso porque escribes de escándalo Iskandar.

Favole dijo...

Te lo dije una vez y lo reitero: lo tuyo es el realismo. Ni fantasía ni leches... Más que realismo diría yo Naturalismo, un deje a Émile Zola, una recreación en los aspectos más crudos de la vida... Bueno, lo dejo ya... Es que estoy enferma, y tiendo a flipar. Pero de verdad, se te dan muy bien las representaciones de la realidad.

M.

P.D.: dime cosas para quedar, cuando te vaya bien. Empieza a ser urgente.